Con el correr del tiempo, la periodicidad con que reiniciamos nuestros servidores ha ido variando y si hace años los server Unix eran reiniciados una vez al mes, hoy los administradores Linux no suelen reiniciar sus servidores con demasiada continuidad forzándolos a un extenso funcionamiento ininterrumpido.  Algunos usuarios llegan incluso a mantener sus hardwares sin reiniciar ¡por más de un año!

Todos conocemos la eficiencia de Linux, la que finalmente permite que funcione íntegramente por extensos períodos y si bien los reinicios no son rigurosamente necesarios hay casos que son la excepción. Uno de ellos es cuando debemos actualizar el kernel o lo que conocemos como el “corazón” del Sistema Operativo, en el caso de otras actualizaciones no es estrictamente necesario reiniciar la máquina.

Otro momento en el que es fundamental el reinicio es cuando realizamos mantenimiento a nuestro servidor, en estas ocasiones comúnmente debemos apagarlo y luego prenderlo una vez que los cambios o arreglos físicos hayan sido realizados.

Para finalizar y sin ninguna duda, debemos recurrir al reinicio del hardware cuando este queda “pegado” y presenta una condición de total inoperancia.

Periodista en Hostname (www.hn.cl)

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